viernes, 9 de julio de 2010

Rendez-Vous à Paris

Bien, algunas veces me he preguntado cuándo tendremos tiempo de hace muchas cosas que están y giran por nuestra cabeza. La respuesta es clara, nunca hay tiempo, no existe ese pequeño pero necesario escape, trabajo, casa, problemas, bancos y cuentas, resulta que al final de todo no tenemos tiempo para nosotros mismos.

El tiempo se dice es relativo, y entonces es cuando comprendo que necesitamos forzar y detener "las actividades obligarias" por otras más recreativas, satisfactorias y placenteras. Y sí, me fuí a Paris, ciudad obligatoria donde las haya, y si Dorothy iba en busca del camino amarillo, yo fui directo al triángulo de oro, para qué perder el tiempo y dicho sin más a lo que vamos.












































Moda es igual a París, y Paris es igual a mucho y en exceso. La ciudad más hiperexpuesta del mundo se presenta tan grande pero tan familiar como para "los parisinos de toda la vida", aunque debo decir que creo que a quienes nos gusta esta industria siempre hay algo de Paris en nosotros, y quizá nos sentiremos como un diabético en Baskin-Robbins, al entrar a los templos y solo suspirar, pero con suerte siempre encuentras un trozo de Paris para traer de vuelta a casa.

La Rive Gauche, ST- Honoré, Faubourg, Montaigne, George V, Cambon, Royale calles míticas y que guardan tantos secretos bajo el asfalto me hacen pensar en todo lo que ha dado Paris a esta industria, ya que en sí misma es y ha formado siempre parte del comercio y la cultura Francesa.

Colette, dos plantas y tanta gente entre colecciónes cápsula de superheroes y una activación de Blackberry Pin me! que hasta una chapa me regalaron , el cuartel general de Chanel, las escaleras de espejos, y la gente dentro comprando como si de un H&M se tratáse. Goyard huele a lujo, a pintura, a piel. Maxims donde casi muere Carmen Lomana y en la tienda de Marc Jacobs los dependientes se reían de nosotros al entrar tantas veces y comprar cada vez más. La búsqueda interminable por la tienda de Comme des Garcons finalmente no encontrada y los displays de la tienda de Miyake con un robado de foto en tienda entre origamis y mucho volumen.

Pasear por Lanvin y quedarme minutos frente a los escaparates pensando que bueno es Elbaz y Hermès con un choque casi circunstancial a Marcia Cross de Desperate Housewives, junto al Pr que le explicaba "How they rock in la France!", yo pensé la pobre ha de haber pensado que el relaciones públicas le estaba dando el coñazo, y yo pensaba que esta mujer y el botox son una misma cosa.

Givenchy y toda la colección de Printemps-Eté en tus manos es surrealista, junto con unas sandalias de chico que no podía dejar de tener en mis manos. Yves Saint Laurent, rey de reyes y yo casi pierdo la razón por la mejor cartera de piel que jamás haya visto, sin embargo mi razón fue más fuerte y puse sobrevivir el mes al regreso.

La tienda trampantojo de Prada, y de ahí a Dior, en el número 30 de la Av. Montainge. Entrar ya es todo un espectáculo, con pantallas de leds sobre el techo simulando un real live show paseaban las mujeres flor en círculos. Luego las gafas, y los millones de bolsos Lady Dior por doquier, Dior Homme para morirte entre Japoneses enloquecidos, llegar al salón y ver la pintura de Monsieur Dior, me hizo detenerme un momento y mostrar cierto respeto, al fin de cuentas es un ícono.

Con los pies destrozados, dejamos ir a Balenciaga, ya tenía la santísima trinidad, con permiso de Cristóbal, que así como Decarnin vetó a las Voguettes de Paris, pues yo por cansancio, le dije hasta la próxima. Para sentarme en el Café de la Mode, y pagar el bocadillo y las cervezas más caras de mi historia.

Y como nada en París es suficiente, hay que ir a la periferia a los mercadillos, al mítico Mercado de las Pulgas, y ahí estabamos, entre Paul Bert y Serpette con verdadero VINTAGE, piensa un nombre y en verdad lo encontrarás, caminar un poco y tener un Ball chair en tus ojos, y los mejores muebles y antiguedades te hace pensar, con todo esto yo tendría el piso de mis sueños.

Fauchon, trufas y pecado, Le Bon Marché se quedó para la próxima, y contra todo pronóstico nos dirigimos a Galerías Lafayette donde vimos caer en plena esquina con Opera a un chico en moto haciendo un estruendo pero milagrosamente ileso, quizá su día de suerte.

El caso, lo visto, Louis Vuitton de Galerias es la cosa más terrorífica que he podido ver en mi vida, los asiáticos haciendo cola con listas en mano, y nosotros pasar como si nada frente a ellos, los dependientes sudando la gota gorda como aquellos en Zara en pleno Portal de l'Angel Barcelona, con la cara de angustia al saber que solo acaban de empezar y al mirar todo ese cuadro, me pregunté si eso era un Lujo, y creo que no hay nada más distante. Pero bueno LV es un clásico también sobre Campos Elíseos, tantas plantas y tanto monogram sentí que en un momento me meterían en una bolsa cubrepolvo.

Lo mejor de Lafayette es la terraza en el último piso, con una vista panorámica de París, con gente local comiendo en el clásico tupper solos o acompañados y sin turistas, aunque yo también era turista, saben a lo que me refiero.

La exposición de Yves Saint Laurent imperdible e indescriptible. Esto da para un post más...

Dicen que ver París y morir... yo creo que ver Paris y regresar siempre.

3 comentarios:

e-mail dijo...

Un blog muy interesnte yo ya te sigo=)

el mi o es este si te gusta sigume please=)

http://www.aboutmyfashionlife.blogspot.com/


XOXO

Karla dijo...

buen tour!!! ame tus fotos y me dieron mil ganas de estar en Paris!!
me encanta tu blog y lo que escribes...
Saludos!! :)
http://peaceloveandcherrylips.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Hola Fer,
Me ha encantado este post. Estoy de acuerdo con tu última frase lapidaria...siempre se tiene que volver a París.
Un abrazo y felicidades por tu blog!

Judith O.

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